Dos artesanos grancanarios, Francoise Philippart y Gustavo García, acudieron esta semana a la 52º edición de la Semana Internacional del Regalo que se celebra en Madrid entre el 18 y el 22 de enero. Se trata del taller la Lumaca. Un taller especializado en la fabricación artesanal de artículos de menaje del hogar: vajillas, juegos de café y té, vasijas, jarrones, etc. Pero que elabora piezas únicas que aúnan diseño, calidad y originalidad utilizando materiales como el gres, el refractario o la porcelana.
La Lumaca nace en 1994 de la mano de Francoise Philippart, una decoradora a la que en el año 2000 se une profesionalmente Gustavo García, un tornero ceramista.
Francoise, una joven campechana y extrovertida que se
muestra encantada de estar en el Itergift (así es como se llama el salón en el que se encuentra
instalado su stand en el recinto ferial de Madrid), comenta que esta es la quinta vez que se
encuentran aquí y agradece a la consejera de Economía del Cabildo insular, Cristina Reyes, la buena
ubicación en el que los han colocado este año.
“Para nosotros es importante venir a
esta feria, porque dado que está muy consolidada a nivel nacional e internacional, nos brinda la
posibilidad de darnos a conocer a mucha gente”, dice y acto seguido relata como recientemente
participaron en otra feria celebrada en Galicia y como “si dios quiere” participarán en otra a
principios de verano en Londres.
En la actividad incesante de los visitantes se nota que es el primer día de la feria, Francoise atiende a los medios mientras mira de reojo a todo el que pasa por delante del stand. Le pregunto por cómo es el mundo del artesano en las Islas y responde que es “duro y difícil”. “En Canarias tenemos algunas dificultades para exportar e importar -titubea- aunque lo asumimos. Cada día es una lucha constante porque no nos dedicamos a esto como un hobby, es nuestra profesión y no siempre es fácil”.
En este punto, Francoise reflexiona y comenta que quizás la culpa de la imagen de bohemios que tienen los artesanos lo ha fomentado en parte el propio gremio. Entiende que hay gente que se dedica a la artesanía como afición, pero reivindica la posición de los que como ellos hacen de este oficio una profesión que cada día tienen que dignificar. “A mí cuando me piden que les rebaje un precio, me dan ganas de preguntarles a los clientes cómo se tomarían ellos que sus jefes les rebajaran un mes el sueldo”, apostilla.
La otra mitad de La Lumaca, más tímido e introvertido, Gustavo García, que ha escuchado las palabras de su compañera callado, explica serenamente que en parte corresponde al gremio hacer una labor pedagógica. “Hay que explicarle a la gente que la cantidad de horas de trabajo que un artesano dedica a una pieza es lo que la encarece. Porque en donde no podemos ser competitivos es en la mano de obra”.
Lo de Gustavo con la cerámica fue un encuentro casual, no lo buscó, pero acabó estudiando en la Escuela de Artes y Oficios de Las Palmas, se especializó en la cerámica y a partir de ahí lleva doce años a sus espaldas de dedicación. Reconoce que el oficio es duro, pero declara que lo mejor es trabajar con materiales agradecidos y ver la cara de la gente a la que le gusta su trabajo.
El espectador que no haya visto nunca el trabajo de La Lumaca no reconocería sus piezas como artesanales. Sus colecciones son pequeñas obras de arte, joyitas de lo cotidiano que el consumidor puede llevarse a casa personalizadas. En sus colecciones se observan diferentes líneas de trabajo, desde la que rescata toda la iconografía canaria a través de la plasmación de petroglifos y pintaderas en piezas de diseño; las vajillas de porcelana decoradas magistralmente con metales preciosos como el oro y el platino que además están preparadas para pasar por el lavavajillas; hasta las piezas más vanguardistas que sirven de soporte para que artistas plásticos de la talla de Rosi Marrero, Gero Maldonado o Miguel Panadero se expresen en ellas.
“En Canarias existe una iconografía riquísima y desconocida, que es la que nosotros queremos recuperar en nuestras piezas, porque además nos parece muy actual”, explica Francoise. Muchas veces –dice- tenemos que enseñar a nuestros clientes que los motivos decorativos no son de estilo oriental, sino que es el legado de nuestra cultura aborigen.
Sus trabajos pueden verse en algunos de los más prestigiosos hoteles canarios, tal es el caso de los hoteles Río Calma y Risco del Gato en Fuerteventura, o el Sheraton Salobre de Gran Canaria. Pero sobre todo sus atractivos productos suelen ser adquiridos como regalos de empresas, de bodas, o como caprichos personales.
En ocasiones se ven desbordados por la cantidad de pedidos que
tiene que realizar, así que cuentan con el apoyo inestimable de Tabite, una asociación sin ánimo de
lucro en cuyo taller trabajan chicos con discapacidades psíquicas. “Para mí las personas que
trabajan ahí son de las que más oficio tienen en las Islas” señala Francoise. También imparten
prácticas a los alumnos de los últimos cursos de la Escuela de Oficios, algo que les permite valorar
el nivel de la cantera del oficio y plantearse ampliar su plantilla.
A la hora de vender
sus productos, ellos lo tienen claro. Les gusta mucho que sus clientes se enamoren de su trabajo.
“Te da un ‘subidón’ cuando ves que a la gente le gusta lo que haces” expresa Francoise, quien además
confiesa que en ciertos momentos le ha resultado difícil separase de algunas de sus creaciones,
porque les coge cariño. Gustavo por su parte opina que “las piezas están hechas para que viajen,
para que vallan a otras manos”.
Ambos reconocen que son unos enamorados de la profesión y por esa razón están haciendo una colección personal con algunas de sus piezas de diferentes épocas de su trayectoria profesional, además de las que van adquiriendo de otros profesionales en las ferias que visitan a lo largo del año. Dicen, muy modestamente, que aún les queda mucho por aprender como para pensar en hacer una exposición. Lo que si tienen es la intención de organizar una muestra con las obras que han hecho en colaboración con otros artistas.
Arte y Diseño es el nombre del próximo proyecto en el que La Lumaca se sumergirá en cuanto regresen a la Isla y en el que trabajarán codo con codo con el diseñador italiano Carmelo DiBartolo. “Será la creación de una nueva colección que después se llevará a producción y de la que se hará una tirada limitada” añade Fraoncoise.
A pesar de reconocer que la
artesanía en las Islas no es un camino de rosas, ambos recomiendan a todos los chicos que quieran
dedicarse ella que lo hagan “sin miedo” porque entienden que hay mucho campo aún por explorar. “Hay
trabajo, solo tienes que buscarlo”, dice Francoise, quien aprovecha para advertir a la gente joven
que ésta no es una profesión para bohemios sino un oficio que requiere constancia, esfuerzo,
investigación y estudio, pero que a cambio ofrece muchos momentos gratificantes.
ACFI PRESS