Deberán darse prisa en comprar sus entradas del Teatro Cuyás para este fin de semana quienes aún no lo hayan hecho: dada su apretada agenda, la compañía Sol Picó, con la bailarina y coreógrafa del mismo nombre al frente, bailará sólo mañana sábado, 5 de noviembre, a las 20.30 horas (función única), El llac de les mosques, Premio Max de las Artes Escénicas a la Mejor Coreografía 2010, entre otros galardones. Se da la circunstancia de que también en 2011 Sol Picó obtuvo el Max, en la misma categoría, por El ball.
Este viernes Picó ha presentado el montaje junto al consejero de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo de Gran Canaria, Larry Álvarez, y el director artístico del Teatro Cuyás, Gonzalo Ubani.
Para el consejero será "todo un lujo" disfrutar de un espectáculo con el que los espectadores podrán tener "ese momento de identificación” con lo que de forma "muy visual y muy gráfica" cuenta la compañía sobre cómo nos afecta el paso del tiempo. Con esta “excusa”, explicó Sol Picó, se inicia un montaje “en clave de pseudoconcierto de rock”. Es “50 por ciento de rock, 50 por ciento de danza”, dijo, aunque pasa por diferentes estilos (swing, flamenco, blues…) en un “viaje de colores, de matices” junto a músicos que “interactúan con el espectáculo”. Por edad, ellos están “muy de acuerdo”, bromeó, con la reflexión que hace la obra, a la que Gonzalo Ubani se ha referido como un “espectáculo de una modernidad insultante” pero “para todos los públicos”.
Estrenado en 2009 como un pretexto para revisar el pasado y reflexionar sobre el paso del tiempo, el montaje, dirigido y coreografiado por la propia Sol Picó, fue concebido como un concierto de rock & roll, con música en directo y estética de los años 80, en el que también el blues y el flamenco tienen cabida.
El concierto es además una sorpresiva fiesta de cumpleaños para una cantante, una especie de Blancanieves del siglo XXI que, tras casarse con su príncipe azul y mudarse a su palacio, es víctima, como a menudo ocurre en esta sociedad, del aburrimiento que le provoca su nueva y acomodada existencia. A ella también da vida Picó, que sobre el escenario se ve acompañada por músicos y bailarines de primer orden.
Durante la hora que dura el espectáculo, se suceden los golpes de humor, lecturas cruzadas y llamadas a un público interactivo, tan típicos de la compañía que al teatro que gestiona el Cabildo de Gran Canaria, a través de la Fundación Canaria de las Artes Escénicas y de la Música de Gran Canaria, que preside el consejero insular de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural, Larry Álvarez.
Un centrifugado para combatir el paso del tiempo
Tras comer las perdices del cuento, Blancanieves ya no es tan feliz. Su rostro presenta las primeras arrugas (mejor no preguntar demasiado al espejo mágico que no sabe mentir) y añora su pasado junto a los enanos. Pero, como la de cualquier mujer de su edad, su vida aún puede cambiar “gracias a un buen centrifugado”. Ya lo dice el refrán: “reinventarse o morir” y, añade Picó, “si hay que morir, que sea en paz”.
“¿Los 40?”, se pregunta la artista. “La suerte de los 40 es que sirve de excusa para cambiar de vida: hacerse egoísta y dejar hijos y marido y lanzarse al vacío de otra relación, o no. Estar de mala leche “porque sí” o “porque no” o perder la cabeza: todo por la crisis de los 40”. Una crisis que, afirma, tiene continuidad a los 50 (con “la esperada menopausia”) pero de la que se sale a los 60 (“¡qué suerte mangar en el súper sin terminar en la cárcel, darte el viaje de tu vida con la esperada jubilación!”, bromea).
En El llac de les mosques, la celebración del 40º aniversario es sólo una excusa para un vibrante y rockero despliegue coreográfico con el que reflexionar sobre cuestiones trascendentales (“¿será que arrastramos demasiadas cosas?, ¿será que ya no sabemos que hemos metido en nuestra mochila?”) o no tanto (“¿será el tabaco mentolado, que fumaban nuestras madres, la solución para dejar de fumar?”) para volver a lo universalmente importante: “¿será esta incertidumbre común a los mortales?”.
Y es que al cumplir cierta edad, considera Sol Picó, todos paramos para intentar obtener una panorámica de nuestra vida, una visión no siempre homogénea y que, en su caso, ha implicado una vuelta a un mundo en el que Afrodita (Mazinger Z) es teledirigida por los hermanos Malasombra (Los Chiripitifláuticos), “una aventura, un viaje en redondo, con una mirada hacia atrás, hacia adelante, cenital: un viaje en redondo”, resume, que provoca cierto “mareo”. Y todo para intentar dilucidar “cómo hemos llegado hasta aquí, qué nos ha quedado por hacer, cuáles son las asignaturas pendientes, qué no hemos podido o sabido resolver hasta ahora”.
De Alicante, al mundo
Graduada en Danza Española y Clásica por el Conservatorio Oscar Esplà de Alicante, Sol Picó nace en Alcoy en 1967.
Tras varios años de dura e intensa formación (becada por La Fábrica Espai de Dansa, en Barcelona; por Le Menagerie de Verre, París; o para el Movement Research de improvisación, en Nueva York), entre 1990 y 2003 realiza relevantes colaboraciones (Rayo Malayo: No es todo metal; Los Rinos: Conferencia en Rilolaxcia’91; Sigfrid Monleon: cortometraje Ojos que no ven; Joan Pueyo: vídeo-danza No París; La Fura dels Baus: Dadle café y XXX; La Danaus: Etrangel; Juan López: Filo; Joan Ollé: Croniques; Carme Portacelli: Lear).
En 2007, se encarga de la dirección artística de la gala de la entrega de los Premios Max en Bilbao, así como de Viatges a la Felicitat (dentro del proyecto T-Danza del Teatro Nacional de Cataluña, TNC).
En 2009, dirige una obra de marionetas y música con los prestigiosos Mariona Sagarra (cantante) y Eugenio Navarro (marionetista) para la sala barcelonesa La puntual; graba con Pau Dura el cortometraje Praeludium y trabaja como actriz y bailarina en la obra El ball, dirigida por Sergi Belbel y estrenada por el TNC.
En cuanto a las creaciones de su propia compañía, a El llac de les mosques, le han precedido, también en sala, Las doñas (2008); Encuentros (Guggenheim, 2007); Lluna peluda (2005); Paella mixta (2004); La dona manca o Barbie Superstar (2003); Bésame el cactus (2000-2001); E.N.D. (Esto No Danza) (1998); Love is Fantastic (1997); Razona la Vaca y Bestia (1996); Peve, espectacular dance poemato (1995) y Pevequi (1993).
En la calle, Sol Picó ha bailado Sirena a la plancha (2008); La maja y la bestia (2008); La diva y el hombre bala (2004); Amor diesel (2002); D.V.A. (Dudoso Valor Artístico) (1999); Del planeta Basura (1997) y Spitbrides (1995).
Trabajos como esos, a los que se suma por ejemplo el cortometraje de danza El 64
(2002), les han valido numerosos premios: varios Max (en las categorías de Mejor Coreografía, Mejor
Espectáculo de Danza o Mejor Intérprete Femenina de Danza) por El ball, El llac de les mosques,
Sirena a la plancha, Paella mixta, La dona manca o Barbi Superstar o Bésame el cactus, el Premio
Nacional de Danza de Cataluña o galardones de las Artes Escénicas de la Generalitat Valenciana,
entre otros.
ACFI PRESS