El Juzgado de lo Penal número 2 de la capital grancanaria celebró hoy el juicio contra el taxista Gustavo C.C., implicado en el accidente que provocó la muerte de un mensajero que viajaba en su moto sobre las 18.00 horas del 6 de septiembre de 2005 y para el que la Fiscalía pedía inicialmente tres años de prisión por un delito de omisión del deber de socorro, aunque finalmente la solicitud es de dos años y medio por homicidio imprudente.
Durante el juicio, el acusado admitió haber pasado por el lugar, pero se declaró inocente ya que, según aseguró, él no realizó ninguna maniobra brusca ni chocó contra la motocicleta que conducía Pedro Montesdeoca. "Un monovolumen me cedió el paso y yo me incorporé. No vi a ningún motorista ni sentí ningún impacto. Luego sí oí un ruido y bajé al ver a un motorista en el suelo, no para ver mi coche. Estaba impactado porque se veía que estaba muerto. No sabía qué hacer y como tenía el coche mal aparcado me subí y me fui, pero luego ya no volvía parar más ni dije que los motoristas mensajeros fueran como locos", señaló.
"Cuando yo vi la moto la vi volteando, fuera de control, al conductor casi ni lo vi. Yo circulé hasta la siguiente calle, unos 20 o 25 metros, hasta que pude parar. Luego lo vi en el suelo y era evidente que estaba muerto porque tenía la cabeza destrozada", añadió.
Además, Gustavo C.C. afirmó que la pintura que había en su vehículo tenía al menos dos meses y se debía a un roce que probablemente fue aparcando, descartando que tuviera que ver con el fatídico accidente y también que después del mismo hubiera arreglado posibles desperfectos.
La forense María Rosario Casas indicó que la muerte del mensajero fue "inmediata" porque sufrió una "destrucción total" del cerebro por un "aplastamiento del cráneo".
La pasajera que viajaba en el taxi en el momento de los hechos, clave en el caso para lograr la localización del taxista, no dudó en afirmar que el cambio de carril que realizó Gustavo C.C. fue "brusco": "El tráfico era denso y la incorporación complicada, por lo que realizó un movimiento brusco. Luego escuché un frenazo y un impacto en la parte trasera izquierda del taxi, que era donde yo iba, y un sonido algo así como 'clon-clon'. Después, miré para atrás y vi el cuerpo del chico en el suelo. Le dije al taxista lo del accidente y entonces paró un poco más adelante, se bajó a ver los daños del taxi, no se acercó al cuerpo, y siguió. Luego volvió a parar a la altura de la Fuente Luminosa, de nuevo para ver el estado del taxi. Yo le dije que había que socorrerlo, pero él me dijo que ya había gente. Después él fue todo el rato diciéndome que los mensajeros motoristas siempre conducen a lo loco".
Por último, la joven afirmó que el camión que pasó por encima de la víctima "iba a más velocidad de la debida" y que le dio la impresión de que invadió el carril por el que circulaba el taxi, "por eso me asusté y me fui hacia la derecha del vehículo".
Mientras, dos testigos presenciales de los hechos y que fueron los primeros en llegar junto al cadáver, un motorista y el conductor del coche que circulaba justo detrás del camión, tampoco dudaron en afirmar que la muerte fue "instantánea". "Él circulaba por el medio de los dos carriles, como yo. Luego yo me desvié para meterme hacia Julio Luengo y oí el impacto. Me bajé y me acerqué, pero era evidente que estaba muerto. El camión siguió en línea recta hacia el sur, pero yo no vi ningún taxi porque iba pendiente de mi maniobra", indicó el motorista.
El conductor del coche aseguró que el camión le había adelantado poco antes para evitar las retenciones y que iba "ligerito". "Yo no vi la moto, oí el impacto y de repente vi volar a una persona que cayó delante mía. Me bajé y le vi la cabeza destrozada. Yo no vi golpes con otros vehículos, sólo relacioné el accidente con el camión".
El conductor del camión que supuestamente provocó el fatal desenlace aseguró que no supo nada del accidente hasta que la policía le señaló lo ocurrido, lo que supieron los agentes gracias a una cámara de seguridad ubicada en la Comandancia de la Guardia Civil de San Cristóbal que captó su paso por la zona poco después de los hechos, siendo el único camión que lo hizo.
Por su parte, uno de los policías que participó en el atestado apuntó que en el suelo había una huella de frenada de más de nueve metros pero que lo normal es que si no hubiera ido a la velocidad debida esa huella fuera de entre 15 y 20 metros. "Es evidente que hubo un contacto moto-taxi", aseguró, recordando que probablemente el motorista al percifir el vehículo frenó y en la caída impactó con el taxi, que se incorporó al carril sin tener en cuenta la velocidad y el trayecto de la motocicleta. El resto de policías coincidió al señalar que era "evidente" que el motorista había muerto de inmediato en el accidente.
Por último, los peritos que realizaron el análisis de pintura de la moto y la encontrada en el taxi señalaron que procedían de un mismo pigmento, pero que podía ocurrir que la que tenía el taxi fuera de cualquier otro vehículo con el que se rozara y que tuviera también ese pigmento de color azul.
Tras escuchar los testimonios de las partes, el representante del Ministerio Público consideró anular la solicitud de un delito de omisión del deber de socorro al entender que al producirse la muerte de forma instantánea la jurisprudencia señala que no hay posibilidad de ayudar, "pero en lo que no tenemos la más mínima duda es en que el taxi cerró a la moto y la obstaculizó con un movimiento brusco, lo que provocó la caída". Por ello estima que hay un homicidio imprudente por el que solicita dos años y medio de cárcel, solicitando la misma indemnización que hasta ahora, 100.000 euros para la mujer de la víctima, 40.000 a cada uno de sus hijos y 10.000 a su madre. Además apunta que, de las citadas cantidades, debe responder en concepto de tercero civil responsable directo, la compañía de seguros Mapfre Guanarteme, hasta el límite de la póliza suscrita, y subsidiariamente a los anteriores la propietaria del taxi. Por último pide que se le inhabilite para ejercer como taxista por cuatro años y medio.
Mientras, la acusación particular mantuvo su petición de tres años por un delito de homicidio imprudente y otros dos por la omisión del deber de socorro, además de seis años de retirada de la licencia y 190.873 euros para la mujer e hijos y 8.540 euros para la madre de la víctimas. Por su parte, los tres letrados de la defensa, uno por el acusado, otro en representación de la propietaria del vehículo -y esposa de Gustavo C.C.- y otro en nombre de la compañía de seguros solicitaron la libre absolución del acusado.
ACFI PRESS