La Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Las Palmas inició en la mañana de hoy el juicio, con jurado popular, que se sigue contra Roberto Carlos J.A., Jauad S. y Ángel Yeray S.M., tres jóvenes a los que la Fiscalía imputa un delito de asesinato y otro de tentativa de robo con violencia, por los que pide para cada uno veinte años de prisión por el primero y dos años más por el segundo, además de una indemnización conjunta y solidaria para los herederos de su víctima, Antonio Hernández Rosales, de 180.000 euros. Por su parte, la acusación particular, en representación de la Asociación de Trabajadores Autónomo del Taxi de Las Palmas de Gran Canaria pide 25 años de prisión por un delito de asesinato y cinco más por uno de robo con violencia, solicita una indemnización de 240.404,84 euros y propone que se declare responsable civil subsidiario al Estado y a la Comunidad Autónoma de Canarias ya que cuando se produjeron los hechos Roberto Carlos se encontraba fugado de un centro de menores.
Durante su declaración, Roberto Carlos negó en todo momento los hechos que se le imputan. El joven no supo concretar si la noche del asesinato estaba en casa de Deni, novia de Ángel Yeray, o en el domicilio de sus padres, pero sí que negó en todo momento que hubiera ido con los otros dos acusados en el taxi, hubiera robado y hubiera matado a Antonio Hernández Rosales.
El único acusado que declaró esta mañana admite que conoce a Ángel Yeray -el único de los tres acusados que no está en prisión-, también conocido como 'El Mofle', pero de Jauad afirma que únicamente le suena "de vista". "No me lo explico", fue la respuesta de Roberto Carlos cuestionado por los motivos por los que una radio telefonista de Euro Taxi le reconoció como el joven que escuchó por la teleoperadora mientras se producía el crimen, o por qué algunas personas declararon verlo la mañana de los hechos con heridas y sangre en las manos y otras conduciendo el taxi de la víctima, o los motivos por los que Periote, un amigo suyo, señala que nunca fue con él a una peluquería, como afirma el propio Roberto Carlos.
Cuestionado por las escuchas telefónicas en las que supuestamente aseguraba que se iba a "chivar de lo del Mofle", el acusado sí lo tenía claro: "Después de lo del taxista El Mofle y yo nos metimos a una casa a robar. La policía nos cogió y él habló, por eso le metieron menos tiempo. Un día, en la cárcel, vino mi primo Dailos y me preguntó por qué yo estaba preso. Entonces yo le conté lo que había pasado y dije que si yo me hubiera chivado seguro que habría sido mejor, pero no me refería a lo del taxista porque yo allí no estuve".
El joven afirmó durante su declaración que aunque su madre solía denunciarlo cuando acudía a casa porque era violento, en discusiones, con su padre, la noche de autos la pasó allí o en la de Deni, pero que sí acudió alguna noche. Además, recordó que en su habitación tenía un buen número de cuchillos y una catana "para decorar" y que cuando ocurrierno los hechos se encontraba fugado del centro de menores de Hierbabuena, en Tenerife, de donde huyó "subiendo cuatro metros de la valla y corriendo más que los securitas".
Roberto Carlos negó que la tarde-noche anterior al asesinato hubiera recibido una llamada para hacer una "movida" y también que sobre las cinco de la mañana el propietario de un bar en la calle La Pelota, en Vegueta, lo hubiera echado porque no quería abonar sus consumiciones "porque yo no estaba allí, yo estaba en casa": "Yo no estuve en el bar, ni cogí un taxi, ni fue a la Cuesta del Parrado, yo estuve en casa. Sobre las 07.00 horas me recogió un amigo y fuimos a comprar tabaco", señaló durante el juicio antes de negar igualmente que se hubiera cambiado de ropa cuando acudió a casa de su amigo Jonay -cuyo testimonio en el que así lo afirmaba se tendrá que reproducir ya que se ahorcó estando en prisión- porque supuestamente estaba llena de sangre: "Yo no me cambié de ropa, ni me limpié sangre porque no la tenía, ni tenía heridas", afirmó, descartando igualmente que esa supuesta ropa que se quitó la hubiera tirado posteriormente a un vertedero junto a San Juan de Dios.
Idoia Mendizábal
Antes de iniciarse la sesión, Idoia Mendizábal, letrada que lleva la defensa de Roberto Carlos, recordaba que "no hay pruebas suficientes que acredite su participación en el asesinato. No hay pruebas en el ADN de la sangre, no hay huellas en un crimen tan sangriento, ni una sóla prueba que acredite que estuviera en el taxi o por allí. La prueba de ADN, que tiene sustancia, no demuestra nada, todo es muy sustancial, de indicios, de referencias, pero en realidad no hay nada que acredite que estuviera en el taxi porque no estuvo en él, no salió de Vegueta a esa hora, son muchas cosas que no se ajustan a la realidad".
"Se han admitido, pero esta parte entiende que han estado año y medio y que es desproporcionado porque no estaban motivadas. En un estado de derecho no parece una línea de investigación tener así un locutorio donde van familiares y amigos a hablar con él. De todas formas el tema de las escuchas no me preocupa porque la supuesta conversación no implica ni se induce de ella su participación en los hechos", sentenció Mendizábal sobre las escuchas telefónicas realizadas en el locutorio de Salto del Negro.
Escrito de calificaciones
El escrito de calificaciones del fiscal señala que poco después de las 07.00 horas del martes 9 de abril de 2002 los tres acusados tomaron en las inmediaciones del Mercado de Vegueta un taxi que conducía Antonio Hernández Rosales después de ponerse de acuerdo en dirigir al taxista, natural de Moya, a una zona deshabitada para robarle la recaudación que tuviese. Por ello, le indicaron al conductor que se dirigiera hasta un camino conocido como la Cuesta del Parrado, en la zona de Marzagán, cerca del Hospital Psiquiátrico.
"Dentro del taxi, Roberto Carlos se sentó delante, Jauad detrás del taxista y Ángel Yeray junto a él. Una vez llegaron al lugar indicado, sobre las 07.59 horas, le exigieron al taxista que les entregara el dinero que llevaba, pero éste se negó. Entonces, los acusados, con total menosprecio para la vida e integridad de su víctima, con un cuchillo que llevaban, le empezaron a dar puñaladas en la zona de la cabeza y el pecho. Antonio trataba de defenderse con sus manos, pero se veía impotente ya que carecía de armas y los acusados le superaban en número", recoge el escrito de la Fiscalía.
La víctima consiguió descolgar la emisora del taxi y llamar a la centralita pidiendo auxilio, pero entonces los acusados, "dispuestos a acabar con su vida, y para evitar ser identificados, procedieron a cortarle el cuello, acabando con todo tipo de resistencia por su parte".
El fiscal apunta que los acusados dejaron a Antonio tirado en el camino "desangrándose" y hueron, aunque antes cogieron el taxi y lo llevaron a un camino próximo y lo llenaron de paja con la intención de quemarlo y ocultar así las posibles pruebas que pudiera haber contra ellos, aunque el coche no ardió. "Tras lo cual, cada uno se marchó por un lugar diferente", indica la Fiscalía. El relato destaca todas las heridas sufridas por la víctima, en total 19.
En este caso también se ha personado como acusación particular la Asociación de Trabajadores Autónomos del Taxi de la capital grancanaria, que realiza un relato similar de los hechos pero en este caso pide 25 años de prisión por el delito de asesinato y cinco más por uno de robo con violencia, no de tentativa como apunta la Fiscalía. Además pide para los herederos del taxista 240.404,84 euros y solicita que para abonar la indemnización se declare la responsabilidad subsidiaria del Estado y de la Comunidad Autónoma de Canarias ya que al ocurrir los hechos Roberto Carlos se encontraba fugado del Centro de Menores de La Montañeta.
Crimen
El cuerpo del taxista fue encontrado acuchillado en la mañana del 11 de abril de 2002 en la carretera de Los Hoyos. Tres días después del crimen ya fue detenido Roberto Carlos, aunque fue puesto en libertad sin cargos al no existir pruebas que le incriminasen de forma clara con los hechos y negar él tener vinculación con el crimen ya que asegura que dormía en su casa cuando ocurrieron los hechos. En su defensa destaca que los exámenes de ADN realizados en una prueba que se encontró en el vehículo no se corresponden con el joven, como tampoco una huella que también se halló en el taxi. Además, en una rueda de reconocimiento con tres personas que supuestamente vieron huir a un joven del lugar del suceso, ninguno lo pudo reconocer.
La imputación a Roberto Carlos se le realizó a raíz de unas escuchas que se le hicieron estando ingresado en la prisión de Salto del Negro por otros delitos. Una de las principales pruebas que sí hay en contra de este joven es que la radiotelefonista que trabajó la noche de los hechos afirma reconocer su voz como la que escuchó en aquella ocasión, tras realizarse dos pruebas de reconocimiento de voz en los juzgados, una primera que fue impugnada por su abogada, Idoia Mendizábal, pues sólo se escuchó la voz de los tres jóvenes y una segunda en la que se le dieron a escuchar a la testigo la voz de los acusados y también de personas que nada tenían que ver con los hechos.
Hay que destacar que en el auto firmado por Tomás Martín, titular del Juzgado de Instrucción número 3 de la capital grancanaria, se apunta que a Roberto Carlos lo vio el testigo protegido número 1 conduciendo el taxi en el que se cometió el asesinato bajando a toda velocidad por la Cuesta del Parrado, poco después de ocurrir los hechos, que se saben que fueron a las 07.59 horas por la llamada realizada a la radio operadora. Además, en su contra se añade en el auto que fue identificada su voz en dos ocasiones por la radiotelefonista que atendió la llamada de auxilio del taxista el día de los hechos.
En cuanto a Jauad, señala el auto que consta que en su declaración en sede policial reconoció haber cogido un taxi aquella noche y haber viajado hasta el lugar en donde se cometió el crimen, ubicándose en la posición en la que pudo haber sido degollado la víctima, justo detrás de él. A ello se añade la cicatriz rectilínea en la palma de su mano derecha, habiendo sido observado aquel mismo día con una venda en su mano, presumiblemente del corte causado por el cuchillo con el que presuntamente pudo degollar a Antonio, pudiendo haberse causado el corte al tratar de clavarle el cuchillo en el cráneo y chocar con la masa ósea de esa parte anatómica.
Por último, en referencia a Ángel Yeray, 'el Mofle', apunta que consta que el encartado Roberto Carlos manifestó -fruto de las intervenciones de las comunicaciones acordadas- que 'yo me chivo que en lo del taxista estuvimos yo y el Mofle', a lo que se añade que intentó engañar con la hora a la que realizó una llamada y que se comprobó que no era cierto.
ACFI PRESS